Por Alfredo Relaño
El Papa del fútbol no es
argentino sino suizo. Nació en ese país eternamente neutral (con la neutralidad
mineral del dinero), pero en fútbol tiene un color, el blanco del Madrid, por
DiStéfano, que le cautivó por sus hazañas europeas en la segunda mitad de los
cincuenta. En su despacho guarda el diploma de Socio de Honor del Real Madrid,
en su pared más engalanada. Ha cumplido ya 77 años y se dispone a dar el relevo
a Platini, Villar o cualquier otro, "siempre que sea alguien dispuesto a
respetar la universalidad del fútbol", asegura. Su vaticano es un precioso
edificio funcional en Zúrich.
